Miro hacia atrás y no tengo dudas de que el colegio fue un eslabón fundamental en mi desarrollo profesional. En mi caso particular, pero también viendo las trayectorias de muchos de mis compañeros de grado —la mayoría hoy ocupando roles medios o gerenciales en distintas empresas— siento que el colegio sembró una base muy sólida.

A nivel personal, no fue todo un camino perfecto: repetí un año de secundaria por falta de madurez, y sin duda eso marcó parte de mi historia. Sin embargo, con el tiempo logré encauzarme y superar obstáculos. Pude construir una carrera deportiva, representando a la selección argentina de remo en varios eventos internacionales, y también avanzar en el plano académico: me recibí de Ingeniero Industrial y luego realicé un Posgrado en Seguridad, Higiene y Medio Ambiente.

Creo sinceramente que el colegio me dio las herramientas para alcanzar todo eso. La exigencia siempre estuvo presente, y aunque costaba, también dejaba huella.

Durante mi paso por la escuela, elegí la orientación de Física-Matemática (FM), y al comenzar la universidad noté que, en comparación con alumnos que venían de tecnicaturas o colegios industriales, algunos contenidos —como Análisis Matemático— me resultaban más desafiantes. Pensé que estaría mejor preparado. Sin embargo, con tiempo y esfuerzo, todo se fue acomodando, y los resultados terminaron siendo muy buenos.

Más allá del aspecto académico, me quedan grandes recuerdos del colegio. Las amistades que se formaron en ese entonces siguen intactas hasta hoy, y eso para mí es un valor enorme. Porque para que los vínculos duren, el contexto tiene que ser el adecuado, y creo que el colegio supo ofrecerlo.

Hoy me desempeño como Director en Unión Técnica S.A., y cada tanto, cuando repaso el recorrido, vuelvo a encontrar en el colegio uno de los primeros grandes pilares.

 

Ulf Lienhard – Alumni 1994