Siendo hijo y nieto de docentes de la institución, siempre sentí una conexión muy fuerte con la comunidad que el colegio establece. Desde chico, me interesó mucho más lo que el Instituto ofrecía por fuera de las clases formales: los momentos de intercambio con otras escuelas y las actividades extraprogramáticas fueron siempre mis espacios de mayor disfrute y aprendizaje.

Gracias al Instituto Ballester Deutsche Schule, que contaba con propuestas extraprogramáticas de teatro como Sine Nomine o La Yunta, pude comenzar a desarrollarme firmemente en mis primeros roles profesionales. Dentro de Sine Nomine me involucré profundamente, dando mis primeros pasos como director y dramaturgo, descubriendo allí una vocación que luego sería central en mi carrera.

Sin haber terminado aún la secundaria, ya me desenvolvía en distintos roles de creación y organización. Actualmente, trabajo en gestión, producción de espectáculos y dirección teatral, con proyectos activos tanto en el teatro comercial como en el teatro nacional —incluyendo una obra actualmente en cartel en el Teatro Nacional Cervantes—.

En mis inicios, acompañé al actor y director Carlos Kaspar, también egresado del Instituto Ballester Deutsche Schule, y desde entonces fui consolidando mi recorrido en las artes escénicas. Recientemente, realicé una exitosa temporada de verano en Mar del Plata, produciendo la obra La lluvia seguirá cayendo, dirigida por el prestigioso Oscar Barney Finn. Esta producción obtuvo más de siete nominaciones, tanto a los Premios ACE como a los Premios Estrella de Mar, y actualmente continúa en cartel en el Teatro Beckett de Buenos Aires.

A lo largo de este camino, siempre valoré profundamente el aporte de docentes como Carina Salvatore y Walter Offenberger, que, más allá de sus estilos particulares, supieron fomentar la creatividad, la capacidad de resolver problemas de manera proactiva y la importancia del trabajo colaborativo. Todas ellas, herramientas fundamentales en mi vida profesional.

Creo firmemente que el Instituto Ballester Deutsche Schule tiene todo el potencial para ser un espacio donde se formen artistas de primer nivel. El arte no es solo una forma de expresión, sino también una poderosa herramienta de transformación individual y social. Una inversión que no debe ser descuidada. En el colegio, el encuentro entre la formación académica sólida y el estímulo a la sensibilidad, la creatividad y el pensamiento crítico puede convertirse en el punto de partida de trayectorias artísticas profundas y comprometidas. Apostar por cultivar esas vocaciones es sembrar futuro: es darle a los alumnos no solo conocimiento, sino también una voz propia para construir el mundo que desean habitar.

El Instituto Ballester Deutsche Schule forma personas con carácter, una cualidad imprescindible para el desarrollo en cualquier ambiente profesional. En mi caso, fue clave no solo para construir mi carrera artística, sino también para sostener proyectos culturales de largo plazo y liderar equipos de trabajo.

Además, las herramientas lingüísticas que adquirí en el colegio fueron fundamentales para mi desarrollo internacional: me permitieron forjar alianzas en el extranjero, acceder a materiales en su idioma original y mantenerme siempre en constante formación. Por ejemplo, el año pasado, en una de las producciones que llevé adelante, gestioné el auspicio de la Embajada de Austria en Argentina para Petrópolis, una obra sobre los últimos años de vida del escritor Stefan Zweig, protagonizada por Luisa Kuliok y Osmar Núñez.

Recuerdo aún con mucho cariño algo que nos dijeron el día de nuestro egreso, una cita de Goethe que me acompaña más allá de lo literal:
Zwei Dinge sollen Kinder von ihren Eltern bekommen: Wurzeln und Flügel.
(“Dos cosas deberían darles los padres a sus hijos: raíces y alas.”)

Siento que el Instituto Ballester Deutsche Schule me dio exactamente eso: raíces fuertes para sostenerme y alas para volar en el camino que elegí.