Transitar toda mi educación primaria y secundaria en el Instituto Ballester Deutsche Schule fue, sin dudas, una de las grandes herramientas que me dio la vida.
No sólo por su nivel académico y la infraestructura —que sigue siendo destacada incluso hoy—, sino también por algo menos tangible pero muy poderoso: el modo en que me acercó de forma natural y profunda a la cultura alemana, a pesar de no tener raíces familiares en ella.
En tiempos donde muchas veces se desconfía de lo distinto, haber crecido en un entorno que me enseñó a respetar y valorar otras tradiciones fue fundamental. El colegio me permitió entender “desde adentro” los aportes que distintas comunidades —como la alemana— han hecho y siguen haciendo a nuestro país.
Mi vocación me llevó por el camino de la Historia. Soy Licenciado por la Universidad del Salvador, Magíster por la Universidad de San Martín, y actualmente curso el Doctorado en la Universidad de Buenos Aires. Investigo sobre los impactos ambientales de la Primera Guerra Mundial en la República Argentina y, en junio, tendré la oportunidad de presentar avances de mi trabajo en un congreso en Francia.
Si bien reconozco que no fui un alumno modelo —¡hay que admitirlo!—, nunca bajé la guardia. El nivel de exigencia del Instituto me preparó para enfrentar los desafíos del ámbito académico y profesional con seguridad y herramientas concretas. En cada entrevista, examen o devolución importante, sentí que había una base sólida que me acompañaba desde aquellos años.
Me genera un gran orgullo ver cómo el Instituto y la comunidad alemana siguen siendo parte activa del entramado cultural, deportivo y educativo de nuestro querido partido de General San Martín. Esa convivencia e integración, que parece tan natural en el colegio, no es tan frecuente en otros espacios, y vale la pena destacarla.
Hoy, ya desde el rol de docente, valoro aún más lo que viví como alumno. Y agradezco a todos los que marcaron mi paso por el colegio. Guardo con cariño los recuerdos de aquellos pasillos, aulas y patios que recorrimos en la adolescencia. Porque la escuela no sólo me formó: también me dejó experiencias, amistades y aprendizajes que hoy intento transmitir a mis propios estudiantes.