Cuando pienso en mi paso por el Instituto Ballester Deutsche Schule, lo primero que aparece es una profunda gratitud. El colegio fue una de las herramientas más importantes para mi progreso personal, académico y profesional. No solo por los contenidos, sino por la forma de pensar que me ayudó a desarrollar, la apertura cultural que me ofreció y la posibilidad de descubrir intereses que hoy siguen siendo parte esencial de mi vida.

El Instituto Ballester me dió algo que, con el tiempo, entendí que era un privilegio: contacto real con otras culturas, un entorno diverso y la oportunidad de realizar un intercambio que marcó mi adolescencia. Las amistades que surgieron en ese viaje siguen acompañándome hasta hoy, y esa experiencia temprana de intercambio cultural moldeó mi manera de trabajar, de liderar y de relacionarme con el mundo. Me abrió las puertas a un tercer idioma, algo que más adelante se transformó en una ventaja competitiva enorme. Esa base lingüística y cultural me dio una plasticidad intelectual que me permitió aprender con rapidez, adaptarme a contextos nuevos y moverme con soltura en entornos internacionales.

Después del colegio estudié Licenciatura en Administración (USAL) y Contador Público (UMSA), y más adelante completé un MBA en UCEMA y un PDG en el IAE. Siempre sentí que la universidad me resultó más accesible gracias a la formación sólida y el método de estudio que traía del Instituto Ballester. La estructura, la disciplina y la capacidad de análisis que incorporé en el colegio fueron claves para transitar cada etapa académica.

Con el tiempo, descubrí que ese amor por aprender —que nació en el colegio gracias a la propuesta académica y a profesores que nos enseñaron a cuestionar, pensar y buscar siempre un poco más— se convirtió en un sello personal. Por eso continué formándome con certificaciones como COPC, Agile, CX Customer Practitioner y otras especializaciones que me permiten mantenerme en modo de aprendizaje continuo y liderar con una mirada actualizada y flexible.

En mis últimos roles ejecutivos, esa formación multicultural y el dominio de idiomas fueron determinantes. Me permitieron trabajar coordinando equipos y proyectos con múltiples países de Latinoamérica y del mundo, entre ellos Alemania, España, Portugal, Reino Unido, Estados Unidos e India. Poder moverme con naturalidad entre culturas, estilos de trabajo y expectativas diversas fue una de las competencias que más impulsó mi carrera. Hoy me desempeño como Directora LATAM de Operaciones y Delivery en Aon, luego de haber liderado áreas de Customer Experience, Operaciones y Producto en empresas como Uber, Almundo, Frávega, DirecTV y Telefónica. También soy docente en programas de posgrado en la Universidad de San Andrés y en la UCA, donde enseño Customer Experience y acompaño a nuevos profesionales en su desarrollo.

Si hay algo que siempre destaco del Instituto Ballester Deutsche Schule es la riqueza de sus actividades extraprogramáticas. Gracias al colegio descubrí mi amor por la música y pude formar parte de grupos de guitarra, coro y teatro. Esos espacios no solo me dieron herramientas artísticas, sino también confianza, sensibilidad, trabajo en equipo y una forma distinta de expresarme. A eso se sumó la formación deportiva, que me enseñó disciplina, constancia y el valor de sostener hábitos saludables. Esa base hizo que, hasta el día de hoy, mantenga la natación como una práctica regular que disfruto y que forma parte de mi bienestar integral.

El Instituto Ballester es, para mí, un lugar que me formó en el sentido más amplio de la palabra. Me dio estructura, pero también libertad. Me dio idiomas, pero también pensamiento crítico. Me dio amigos, pero también una identidad. Es un espacio al que vuelvo con cariño, con respeto y con la certeza de que gran parte de lo que soy hoy —como profesional y como persona— se gestó en esos pasillos. Soy una profesional apasionada por el diseño de experiencias, la operación de servicios y la construcción de equipos de alto rendimiento. Trabajo en proyectos regionales, lidero transformaciones y enseño en universidades, pero también soy la misma chica que en el colegio se emocionaba cantando en el coro, que descubría el mundo a través de los idiomas y que aprendía a pensar con curiosidad y apertura.

El colegio fue mi punto de partida. Todo lo demás fue construir sobre esa base.

 

Luciana Panza | Alumni 1999