Mi historia de vida y el Instituto Ballester
El Instituto Ballester ocupa un lugar fundamental en la trama de mi vida. Al mirar hacia atrás, reconozco que el Instituto Ballester Deutsche Schule significó mucho más que un sitio donde adquirir conocimientos formales; fue el punto de partida de mi formación integral, el escenario donde se gestaron inquietudes, pasiones y herramientas que hoy definen mi presente y orientan mi futuro.
A lo largo de mi paso por el colegio, fui adquiriendo recursos esenciales para enfrentar tanto los obstáculos académicos como los laborales. Las clases exigentes y los proyectos grupales me enseñaron la importancia del esfuerzo constante, la disciplina y la resiliencia. Cada materia, cada evaluación, cada trabajo práctico era una oportunidad para descubrir nuevas capacidades y pulir habilidades que luego serían indispensables en el mundo profesional.
Las clases exigentes y los proyectos grupales me enseñaron la importancia del esfuerzo constante, la disciplina y la resiliencia.
El Instituto Ballester Deutsche Schule alentó mi curiosidad intelectual y me brindó un ambiente donde aprender era sinónimo de crecer. La exigencia académica no solo preparó mi mente para los estudios universitarios, sino que también cultivó en mí una actitud de búsqueda permanente, de no conformarme nunca con respuestas superficiales, sino ir siempre un poco más allá.
Sin embargo, el mayor legado del colegio fue despertar intereses múltiples que hoy se expresan en mi día a día. En sus pasillos y patios descubrí el valor de la diversidad de ideas, el gusto por las ciencias, la literatura y el compromiso social.
En el Instituto Ballester Deutsche Schule aprendí a mirar el mundo desde distintas perspectivas, a preguntarme por el sentido de lo que hacemos y a encontrar motivación en el deseo de aportar algo a quienes me rodean.
Promediando la secundaria iba directo hacia Ingeniería. Sin dudar, elegí la entonces orientación FM (física y matemática), pero en el último año cambié el rumbo. Estudié Medicina, pensando en el valor social además del académico. Me especialicé en pediatría y posteriormente en neonatología, pero nunca me quedé quieto. Una vez finalizada mi formación médica, casi veinte años más tarde, encaré otra carrera de grado, la Licenciatura en Nanotecnología, y luego de eso, una maestría en Ciencia de Datos, donde ahora soy docente de materias sobre Inteligencia Artificial, soy tutor de tesis y conformo tribunales junto a otros exalumnos del Instituto Ballester Deutsche Schule.
Una ironía de la vida: la única materia que me llevé a diciembre en toda la secundaria fue Economía de sexto año (en mi época nos podíamos llevar solamente las materias de sexto). Mi trabajo principal actual es en economía de la salud para medicamentos de alto costo en la industria farmacéutica.
El paso por el Instituto Ballester no fue simplemente una etapa; fue una experiencia que sigue resonando en mi interior y que ha dejado huellas profundas. Más allá de los conocimientos y habilidades técnicas, lo que más valoro es esa capacidad de mirar el mundo con curiosidad, apertura y compromiso, y de sentir que siempre hay algo nuevo por descubrir.
Joaquín Pedre | Alumni 1998