Me fui a Alemania en 2003 porque quería conocer el país de mis orígenes y, eventualmente, también descubrir quién soy. Había terminado la secundaria en 1995, había hecho el Abitur y estudiado decoración de interiores. Pero cuando terminé el terciario, no me animaba a dar el gran salto al mundo y empezar a independizarme.
Pasé tres años sin querer asumir mi responsabilidad: trabajaba solamente medio día y el resto del tiempo trataba de no escuchar esa voz interna que me decía: Andá a Alemania. Hasta que, en 2003, ya no pude oponerme más a mis ganas de salir a conocer el mundo.
Compré un one-way ticket a Múnich y, con solamente 600 euros en el bolsillo, les pregunté a mis familiares si me darían casa y comida por un mes. Su respuesta fue sí, así que allá fui, sin plan, pero con toda la confianza de que haberme escuchado había sido la decisión correcta. Por medio de otro alumni, empecé a trabajar como externa y, a través de una empresa de trabajo temporal, en la Oficina de Patentes Europea (EPO).
Empecé a conocer mucha gente, muchos alemanes, pero también muchos extranjeros. Yo estaba fascinada porque me costaba creer que una chica de Ballester, que no sabía qué hacer con su vida, fuera capaz de interactuar con tantas culturas y en tres idiomas. Y no solo eso: me di cuenta de que la formación del Instituto Ballester siempre me permitió tener un diálogo de igual a igual con quien tuviera enfrente: alemanes, polacos, mexicanos, franceses, por nombrar solo algunos. Especialmente con la cultura alemana, sentía que podía relacionarme de tú a tú y que, aunque nunca antes había estado en ese país, era capaz de mantener perfectamente cualquier tipo de conversación.
Me postulé a un puesto fijo después de unos meses y me tomaron. Desde 2004 trabajo como agente de formalidades para la Oficina de Patentes. Allí me crucé con otros Alumni del Instituto Ballester Deutsche Schule, muchos de los cuales ya están jubilados. Mi trabajo consiste en examinar, en inglés, francés y alemán, que se cumplan los requisitos formales para la adquisición de una patente (tales como pagos, plazos y autorizaciones) y en ayudar a los solicitantes con cualquier duda que les surja durante el procedimiento.
Hace unos años, en una de mis visitas a Buenos Aires, sentada en la mesa del comedor con mis padres, les agradecí sinceramente por haber hecho el esfuerzo de mandarme a la Deutsche Schule.
Les dije: «¡GRACIAS! por haberme mandado a un colegio que me formó como ‘ciudadana del mundo’, permitiéndome elegir el lugar que más me gusta para vivir, confiando en mi educación, que me dio todas las herramientas necesarias.