A lo largo de mis estudios y en toda mi carrera profesional siempre tuve presente al Instituto Ballester Deutsche Schule, y no sólo por la base de conocimientos; el colegio me dio herramientas para desarrollar el pensamiento crítico y la capacidad de resolver problemas. Además, crecimos estudiando en un entorno multicultural, hablando 3 idiomas y en contacto permanente con profesores y estudiantes de diferentes países; me siento un privilegiado que mis padres con todo su esfuerzo pudieron darme esa oportunidad.
Saliendo del colegio empecé a estudiar Ingeniería Mecánica en la Universidad Tecnológica Nacional, y sin duda, la base de conocimiento de materias exactas que traía del Instituto Ballester Deutsche Schule superaba a la media de la clase, aún siendo la mayoría de mis compañeros egresados de colegios técnicos. Siento un profundo agradecimiento y pertenencia. Miro hacia atrás y veo al colegio, no solo como el lugar que me dio una educación, también me dio a mi grupo de amigos más cercano que no nos separamos desde hace más de 30 años. Sólo tengo recuerdos felices que revivimos en vinos y asados.
Estuve cursando Ingeniería Mecánica durante 3 años y me fui dando cuenta que no estaba del todo convencido con lo que había elegido. En ese momento, estaba cursando la materia Seguridad, Salud y Ambiente que era transversal a todas las ingenierías, lo que me sirvió de inspiración para hacer un cambio. La idea de proteger la vida de las personas, el ambiente y los activos de organizaciones, llamó mi atención. Y fue el punto de inflexión para salir a buscar una carrera de grado que trate específicamente estos temas. Sin dudarlo, y lejos de arrepentirme de mi primera elección, comencé a estudiar Ingeniería Ambiental en la Universidad de la Marina Mercante, con la motivación extra de empezar a cursar con otro compañero del Instituto y amigo de la vida, Alejandro Poltronieri. Todos los días se dividían entre trabajar 8 horas, rendir equivalencias y cursar hasta los sábados, pero mirando para atrás, puedo decir sin dudas que el cambio de carrera y todo el esfuerzo valió la pena. Tiempo después, completé mi educación formal con estudios de posgrado en la Universidad de Buenos Aires, el ITBA y el Cambridge Institute for Sustainability Leadership.
Luego de algunos años en proyectos de consultoría y construcción, recibí una llamada que fue el hito para comenzar mi carrera profesional en energía, más precisamente en Oil & Gas, industria en la que sigo activo el día de hoy. Empecé a trabajar para Occidental Petroleum Corporation (Oxy), una compañía petrolera centenaria con su casa matriz en Houston, y me enamoré de la industria. Fue apasionante conocer la tecnología y procesos de exploración y producción de hidrocarburos, y poder gestionar la prevención de accidentes y protección del ambiente en el Golfo San Jorge y Mendoza. Estando en Oxy, me llamaron para ver si me interesaba una posición en una empresa petrolera alemana multinacional, lo que no voy a negar, captó (poderosamente) mi atención. El desafío era completo: mi primera posición ejecutiva en un Management Team, construir desde cero el área de HSE & Sustainability en la compañía y desarrollar las operaciones no-convencionales en Vaca Muerta, Neuquén. Y así empecé a trabajar en Wintershall. Y de repente, todo me llevó de vuelta al colegio y a la cultura alemana; la relación con mis colegas en la casa matriz, los viajes a Kassel y Hamburg, la AHK, los eventos en la embajada y el rigor técnico alemán. Además, la empresa participaba del programa BBZ, y día a día teníamos la enorme responsabilidad de formar pasantes como profesionales, que además, cursaban en las instalaciones del Instituto Ballester. El viaje me marcó a fuego, conocí personas maravillosas, comencé a relacionarme con board members y shareholders, y expandí mi horizonte profesional a otros temas, como la gestión de emisiones de gases de efecto invernadero y el desarrollo de proyectos forestales para lograr la neutralidad de carbono.
Después de 13 años de carrera en Wintershall, y por esa dinámica del mercado energético, la empresa vendió operaciones y activos alrededor del mundo, y de a poco entendí que se acercaba el fin de un ciclo. Luego de más de 20 años de trabajo ininterrumpido, me tomé unos meses para estar tranquilo en casa y viajar por ahí. Pero el vagabundeo también llega a su fin. Hace 6 meses asumí un nuevo rol, esta vez lejos de casa, en Bogotá. Hoy ocupo la posición de Vice President HSE & Sustainability en Gran Tierra Energy, empresa petrolera canadiense. Una nueva aventura, con los desafíos técnicos de siempre, y nuevos retos en el campo de lo social y los derechos humanos.
Jonathan Gandolfo | Alumni 1998