Ingresé al Instituto Ballester Deutsche Schule desde el jardín y, en cierto modo, crecí dentro de la institución en más de un sentido: mi papá es docente del colegio y mis hermanos también cursaron allí, por lo que el Instituto Ballester fue, durante muchos años, parte de mi vida cotidiana y de mi entorno familiar.

Pasé la primaria en la sede de Villa Adelina y continué el secundario en la sede de Villa Ballester, donde cursé el Bachillerato Internacional (IB). Con el tiempo entendí que haber elegido el IB fue un punto de inflexión para mi vida académica y profesional. Siento que el IB me proporcionó una forma de estudiar que no solo exigía más, sino que enseñaba a pensar y a analizar desde diferentes perspectivas, como así también a planificar y sostener una disciplina.

Al empezar en la UBA —donde luego me recibí de Licenciado en Economía— me sorprendió ver que muchos contenidos del CBC y del primer año ya los había visto con el IB. Ese “respaldo” en lo académico hizo que la universidad se me hiciera mucho más llevadera desde el primer día.

Al terminar el colegio seguí también mi formación en el BBZ (Berufsbildungszentrum) como Industriekaufmann, un puente entre lo académico y lo profesional. Que el BBZ funcionara en el mismo edificio que el Instituto me generó una sensación de continuidad muy particular: el seguir cruzándome con docentes, preceptores o incluso con Rolo en la puerta hacía que ese cambio de etapa no sea romper con lo anterior, sino que fueran dos años más de extensión de vida “escolar”, pero desde otra posición y con nuevas responsabilidades.

El BBZ me abrió las puertas para iniciar mi camino profesional en Siemens. Entrar al mundo laboral con tan solo 18 años fue muy enriquecedor: me dio independencia, seguridad y un entendimiento a corta edad de las dinámicas del ámbito profesional. Incluso las materias del BBZ, que son todas dictadas en alemán y que podrían haber sido un desafío, se sintieron accesibles gracias a la preparación previa que traía del colegio.

Hoy, casi diez años después, sigo en Siemens y me encuentro en Alemania como parte de un programa internacional de desarrollo.

Cuando observo ese recorrido en perspectiva —del jardín al primario, del primario al secundario con el IB, del IB al BBZ/UBA, del BBZ a mi primer trabajo— veo un eje conductor lleno de continuidad y sentido, donde cada etapa me impulsó a la siguiente.

El Instituto no fue solamente el lugar donde estudié: siento que fue la estructura que me dio herramientas, un método de trabajo y la confianza para moverme en entornos diversos, volátiles y exigentes.

Y esa es, para mí, la verdadera huella que dejó el colegio, el entender que el mundo es amplio y desafiante, pero que con una formación integral y con idiomas, uno puede abrirse puertas y construir su propio camino.

Lucas Cergnul | Alumni 2015