Hola comunidad, soy Vale Scuderi, Alumni 2004. Tengo 38 años y me sentí convocada a compartir el impacto que el Instituto Ballester Deutsche Schule tuvo y sigue teniendo en mi vida. Para mí, el colegio es mi casa. Estuve allí desde los 4 hasta los 26 años, sin parar. Incluso después de egresar, siguió siendo el lugar donde pude desarrollar mi lado artístico, formando parte de „La Yunta“ de la mano de Carlos Kaspar. Fue un grupo de teatro que nos regaló 20 años de proyectos gigantes y hermosos, donde nos mezclamos alumnos, padres, madres y exalumnos en una experiencia que no se puede explicar con palabras.

Si tengo que hablar de lo más valioso que me dio el colegio, sin dudarlo, es mi familia. La familia que elegí. Mis mejores amigos son de la escuela: primero, mis compañeros de curso; después, mis amigos del alma del grupo de teatro; y hoy, un grupo increíble de madres y padres de los compañeros de mis hijos. Aquí me siento como pez en el agua, sé que como mamá puedo proponer y que me van a escuchar.

Profesionalmente, también fue un puente. Gracias a su bolsa de trabajo, hace 15 años conseguí una pasantía donde conocí a mi gran amiga y mentora, Patricia Serra, que hoy, vueltas de la vida, acompaña a los futuros egresados.

Como exalumna, valoro esa capacidad que nos formaron para entender que frente a un conflicto, lo primero es buscar la solución más práctica, ya sea en algo concreto o en lo afectivo.

Siento un orgullo enorme por la formación que recibí. Fue un esfuerzo gigante de mis padres darme esta oportunidad, y por eso siempre valoré cada herramienta que el colegio me brindó. El dinamismo, la capacidad de resolver, el pensamiento crítico y la autonomía son valores que veo que siguen trabajando hoy con mis propios hijos.

Y claro, no puedo dejar de hablar de los idiomas. Usé el alemán en cinco de mis siete trabajos y, aunque no siempre fuera un requisito, fue un plus enorme para conectar con colegas y entender otras culturas. El programa de intercambio a Alemania fue, sin dudas, un antes y un después para mi madurez y para afianzar el idioma. ¡Los que me conocen ya deben estar cansados de escucharme hablar del intercambio, pero es que siempre encuentro algo nuevo que contar! Además, esa base de alemán hizo que el inglés fluyera mucho más fácil. Siempre recordaré que fuimos la primera promoción (y no sé si la única) que, de la mano de Miss Agra, leyó Romeo y Julieta en su inglés original. Un lujo.

Estudié Licenciatura en Relaciones del Trabajo en la UBA, y la base del colegio hizo que la facultad fuera mucho más amigable. Mi paso por el área de humanidades fue clave, con profesores que nos desafiaban con textos y monografías, articulando materias para que entendiéramos todo de una forma más completa. El análisis de texto en Historia con Leticia Veronelli, por ejemplo, nos dio una gimnasia increíble para después devorar obras como „Cien años de soledad“ o los textos de Borges. La dinámica con nuestro ex director, Gabriel Buriano, que siempre nos desafiaba a pensar una vuelta y cambiar la óptica y abrir nuestra mente, sin perder responsabilidad sobre las decisiones que tomábamos. Esa preparación me ayudó muchísimo en una carrera multidisciplinaria y con tanto para leer y asimilar en un contexto, no tan estructurado, como la UBA de Sociales.

Mi historia es simple: la de dos padres laburantes que la pelearon siempre y que hicieron un esfuerzo enorme para darme todas estas herramientas. Esos son los valores que, junto a mi marido, intentamos transmitirles a nuestros hijos. Y aunque él venga de otro colegio, nunca dudamos en que ellos tenían que empezar su camino acá, para que tengan esta misma base para su futuro. Estamos seguros de que, decidan lo que decidan hacer, la capacidad de pensar fuera de la caja, de conectar con otras culturas, de hacerse responsables y de ser autónomos los va a ayudar a ser adultos empáticos, preparados y con ganas de aportar a las comunidades a las que pertenezcan. Porque eso es lo que el mundo más necesita: sentirnos parte, crear y sumar siempre desde lo colectivo y con responsabilidad sobre nuestros actos.

 

Valeria Scuderi | Alumni 2004