Soy médico especialista en psiquiatría. Jefe de la sección de trastornos alimentarios del Instituto FLENI y presidente del capítulo de trastornos alimentarios de la Asociación Argentina de Psiquiatras.

Mirando hacia atrás, puedo decir con certeza que mi paso por el Instituto Ballester Deutsche Schule fue una de las etapas más significativas de mi vida. No solo por la formación académica que recibí, sino también por el profundo sentido de pertenencia que me acompañó desde el primer día y que aún conservo con mucho cariño.

Cuando comencé mis estudios de medicina, noté cuánto me había preparado el colegio para afrontar ese desafío. El ritmo de estudio intenso, la exigencia en cada materia y el compromiso con la excelencia hicieron que la transición a la universidad fuera mucho más natural. Ya estaba acostumbrado a organizar mi tiempo, a estudiar con constancia y a mantener la curiosidad como motor del aprendizaje. Esa base sólida fue, sin duda, una de las razones por las que pude adaptarme con facilidad a la vida universitaria.

Otro aspecto fundamental de mi formación en el Instituto Ballester fue el aprendizaje de idiomas. En su momento no imaginaba la importancia que tendría más adelante, pero hoy puedo decir que dominar otras lenguas me abrió muchas puertas. Gracias a eso pude participar en experiencias académicas y profesionales en el exterior, compartir conocimientos con colegas de otros países y vivir de cerca distintas culturas. Esa apertura al mundo, que comenzó en las aulas del colegio, marcó un antes y un después en mi recorrido personal y profesional.

Más allá de lo académico, lo que más valoro son los lazos humanos que construí. El Instituto Ballester Deutsche Schule fue, y sigue siendo, mi lugar de pertenencia más fuerte. Allí pasé la mayor parte de mis días y conocí a las personas que hoy siguen siendo mis grandes amigos. Compartimos aprendizajes, desafíos y momentos que dejaron una huella imborrable.

Cada vez que pienso en esos años, lo hago con gratitud. El querido Instituto Ballester no solo me brindó herramientas para estudiar y trabajar, sino también valores, amistades y un modo de mirar el mundo con compromiso y empatía. Es, sin duda, el ámbito que más influyó en mi crecimiento personal.

Sebastian Soneira | Alumni 1992